¿Ser o no ser (invisible)?

En estos tiempos de intercomunicación en los que muchos nos dejamos ver de un modo u otro a través de nuestros blogs y perfiles en redes sociales varias tal vez esté lanzando al aire una opinión impopular si dejo caer que, en cierto modo, me gusta ser invisible. No voy a renegar de esta algarabía 2.0. en la que yo misma estoy inmersa porque sería muy hipócrita por mi parte, pero lo cierto es que, en lo que a mi trabajo respecta, me gusta pasar desapercibida. Tal vez tiene que ver con que aún queden en mí resquicios de aquella niña tímida e introvertida que se arrinconaba en el patio del recreo sola, leyendo un libro, mientras los demás niños jugaban. Nunca me ha gustado ser el centro de atención y sigue sin gustarme. Creo que por eso he acabado amando esta profesión y deseando poder algun día ser traductora autónoma a jornada completa, trabajando arrinconada en mi despacho sin más compañía que mi ordenador y, por supuesto, la que yo elija en mis ratos libres. Creo que por eso me fascina la idea de sentarme a ver una serie que he traducido, que puede que estén viendo cientos o miles de personas, y pensar en secreto mientras sonrío discretamente que todas ellas, sin saberlo, están escuchando las palabras que yo he puesto en boca de los protagonistas, que nadie más lo sabe y que con eso me basta para sentirme orgullosa de mi trabajo.
Sin embargo, desde que que me muevo en las redes sociales y tengo oportunidad de tratar con otros colegas y compañeros no hago más que oir hablar de la importancia de la «visibilidad» del traductor y el reconocimiento de la profesión. Estoy de acuerdo que la traducción es una profesión importante, imprescindible en este mundo moderno y globalizado, y que no se le da a menudo la importancia que tiene. Por otro lado, a veces me da la impresión de que mis deseos de pasar desapercibida se enredan en medio de esta telaraña de redes y quedan ahogados por ella.
Quizás esta inseguridad se deba a mi escasa experiencia profesional. Al fin y al cabo en las redes hay de todo: traductores profesionales, traductores a medio gas, aspirantes. También estoy segura de que hay no pocos traductores desconocidos que se ganan bien la vida con su labor y viven de ella sin necesidad de crearse una presencia en la red.
Entonces, ¿se traduce la visibilidad en oportunidades de trabajo? Para mí al menos hasta el momento no ha sido así, y aún albergo mis dudas. Si bien es cierto que, como me han dicho alguna vez, todo ayuda, creo que lo importante para hacerse un hueco en este mundillo es la constancia, la dedicación, el esfuerzo y el buen hacer. No voy a decir que esa es la receta infalible para llegar a la cumbre porque los remedios milagrosos para el éxito se me atragantan y tengo el estómago delicado. Simplemente pienso que el no, así, de entrada, ya lo tenemos, y que si se quiere algo, al menos hay que intentarlo, se consiga o no.
Sea como fuere, formar parte de este entramado me ha ayudado mucho. Quizás no en el terreno laboral, pero sí para entablar contacto con otros profesionales y compartir experiencias, resolver dudas y recibir orientación. Sólo por eso reconozco que ha merecido la pena dejar de pasar desapercibida un ratito cada día. Sobre todo cuando puedo escuchar opiniones y consejos de otros mucho más experimentados y con muchas más tablas, experiencia y errores cometidos de los que aprender.
Creo que es bueno que los traductores nos ayudemos entre nosotros, que nos aconsejemos y nos apoyemos, y que intentemos entre todos que se reconozca nuestra profesión pero, sobre todo, que ese reconocimiento se traduzca (nunca mejor dicho) en unas mejores condiciones para los que la ejercen. Mejores contratos editoriales, mejores tarifas, mejores condiciones en las agencias y tantas otras cosas que habría que mejorar.
En cuanto a mi propia visibilidad como traductora, me da igual aparecer o no en las portadas de los libros o las carátulas de los DVD mientras pueda vivir dignamente de mi trabajo. Como ya dije unas líneas más arriba, verlo y saber que es mío, sin necesidad de proclamarlo a todo el mundo, ya me llenará de orgullo, sobre todo si estoy satisfecha con una labor bien hecha.
¿Ser o no ser (invisible)? Es probable que después de todo este discurso no haya llegado a conclusión alguna. En fin, simplemente será que se está haciendo tarde y mi mente divaga demasiado a estas horas hasta que, de tanto ejercitarla, se me acaba desbocando sobre el teclado del ordenador.

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7 comentarios en “¿Ser o no ser (invisible)?

  1. Hola, Irene.

    Tal vez sea porque yo no doy exactamente el perfil de traductora en pijama, ya que a mí mis años de recreos sola con los libros me dejaron ansias de socializar en vez de costumbre de soledad. Sea por el motivo que sea, soy de las que considera que la visibilidad es importantísima.

    Como tú, soy un poco escéptica en cuanto al 2.0., y en realidad me he subido al carro porque me encanta el protagonismo 🙂 y no porque confíe en que me va a dar de comer. Todos los encargos que he recibido no han tenido nada que ver con Facebook, Twitter, Linkedin ni TraducArte.

    De la visibilidad de la que hablo, pues, es precisamente la que a ti (y lo respeto profundamente) dices que te da igual: aparecer en las portadas de los libros, en las carátulas de los DVD. ¿Por qué? Porque el reconocimiento de un traductor individual es el reconocimiento tácito de la labor de todos los traductores. Y espero, confío y deseo que dicho reconocimiento se traduzca (como tú apuntas, nunca mejor dicho) en unas mejores condiciones para los que ejercen la traducción.

    Si bien es cierto que hay quien vive dignamente y mejor sin dicho “reconocimiento”, también es verdad que sin ese “nombre público” se esconden también muchas irresponsabilidades que manchan la reputación de la profesión, rebajándolo en muchos sentidos. Creo que si a cada traducción la acompañara una “re-autoría”, la gente se cuidaría más de lo que hace, viéndose obligada a su vez a pedir tarifas dignas (porque mayor calidad es sinónimo a menudo de más horas).

    Pero bueno, es solo mi humilde opinión 🙂

      • Hola, Iris:

        Gracias por acercarte a comentar y dejar tu humilde (tanto como la mía) opinión acerca de mis idas de olla nocturnas, y por hacerlo de forma tan razonada. En el fondo no estamos tan en desacuerdo. Ambas queremos mejores condiciones de trabajo en nuestra profesión y que los traductores podamos vivir buenamente de lo que hacemos. En lo que a mí respecta, si para conseguir ese objetivo es necesario salir del anonimato lo asumiré encantada, pero creo que lo primordial es luchar por unas buenas condiciones y una profesión digna. No olvidemos que no solo traducimos libros y películas, sino manuales de instrucciones, títulos académicos, páginas web, folletos turísticos, aplicaciones para móvil y todo lo que se nos ponga por delante.
        En definitiva, que en mi opinión el trabajo digno ha ser lo primordial, antes que la visibilidad, o que ambas cosas vengan mano a mano, como debería suceder en la literaria, una de las modalidades peor pagadas.

        Un abrazo y nos vemos, por las redes o en la calle 🙂

  2. Hola, Irene:

    Creo que lo bueno de las redes sociales es que dan la opción de ser visible o no, a gusto del consumidor. En la variedad está el gusto, y es genial que haya gente dispuesta al #autobombo y otra que prefiera arrinconarse en una esquina. Aquí hay sitio para todos. Yo, personalmente, necesito de la gente a mi alrededor, no podría estar más de 24 seguidas sin salir de casa o sin tener contacto y conversación con otros, sea cual sea el medio. Además, muchas veces el tema de los blogs no va tan unido al afán de protagonismo como a la necesidad de plasmar las opiniones, reflexiones o experiencias de uno. Y si puede contar con la opinión, reflexión y experiencia de los demás, mejor que mejor.

    Un saludo 🙂

    • Hola, Merche:

      Pues claro que sí, cada uno administra sus presencia como le sale y como prefiere, y si algo he comprobado en estos meses es lo sano que es leer todo tipo de opiniones y debatir sobre ellas, con educación y aprendiendo de los demás. Soy introvertida, y es cierto que necesito mis momentos de aislamiento alguna vez, pero la experiencia me ha enseñado que aislarse del todo no es bueno, especialmente en una profesión tan solitaria.

      Un saludo y gracias por comentar 😀

  3. Hola, Irene:

    Una entrada muy valiente, sin duda.
    Yo me he preguntado muchas veces las mismas cuestiones que tú. Está claro que antes que traductores somos personas y cada cual es como es. Hay personas más extrovertidas, otras más introvertidas, otras que a pesar de ser introvertidas intentan abrirse.. Con lo cual, hay traductores extrovertidos, otros algo introvertidos y aquellos que siendo algo más introvertidos hacen el esfuerzo por ser más extrovertidos. (La que he “soltao” en un momento.)

    Creo que, como todo en esta vida, lo mejor o más beneficioso es buscar el término medio. Soy de las que opina que igual de “perjudicial” es ser “super extrovertido a no poder más” que ser extremadamente introvertido.
    Soy muy fan de Aristóteles 🙂 y como bien dijo, el hombre es un “zoon politikón”; vivimos en sociedad e irremediablemente tenemos que socializar y relacionarnos con los demás, de hecho pienso que el progreso en cualquier ámbito y a cualquier nivel, pasa por la interacción de las personas. Y quizás en este sentido entre esa visibilidad de la que hablas, la de las redes sociales. Es muy grata, a mi me ayuda muchísimo estar en contacto con otras personas del gremio; leer sus opiniones, experiencias, intercambiar opiniones, descubrir cosas que ni imaginabas. Creo que todos podemos aprender de todos y que esto va en beneficio de la profesión.

    No sé, quizá estoy divagando un poco. Yo también soy, he sido, una persona tímida al principio; digamos que me cuesta arrancar, pero una vez en marcha dejo esa timidez de lado. Y si me cuesta, me obligo (cuando sé que es algo beneficioso) pero sin dejar de ser yo (no voy a pasar de ser una persona algo tímida a ser un showman ;)).

    En cuanto a la “otra visibilidad”, sí pienso que sería justo incluir el nombre del traductor en cualquier producto, sea de la índole que sea, a fin de cuentas, somos parte del proceso de creación y producción. Simplemente como lo que somos, una parte de ese producto. Del mismo modo que, por ejemplo, en una obra audiovisual se incluyen los nombres de los técnicos de sonido o los ayudantes de atrezzo, o en una obra literaria, el nombre de la imprenta. Nosotros somos el/la traductor/a.

    Enhorabuena por la entrada, creo que plantea un debate muy interesante.

    Inés

    • Hola Inés:

      Muchas gracias por comentar y dejar tu opinión. Por lo que cuentas de tu manera de ser, se parece bastante a la mía, así que te entiendo en tu afán de ser un “zoon politikón”, aunque a veces cueste. Y lo cierto es que a veces tiene su recompensa.
      Yo también veo al traductor como un eslabón más de la cadena de un producto. Por supuesto es uno muy importante sin el cual el producto no llegaría a buen término, y ha de reconocerse como tal, pero como ya he dejado caer por ahí arriba, lo que va primero para mí son unas condiciones y una remuneración dignas, se trate del tipo de traducción que se trate.
      No sé, son cosas que me pregunto ahora. Quién sabe, lo mismo dentro de unos años, con más achaques y experiencia a mis espaldas, veo las cosas de otro modo. Ya he dicho que ni siquiera estoy segura de haber llegado yo misma a una conclusión todavía.

      Un saludo y gracias por tomarte tu tiempo y comentar 🙂

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